Principio, mitad o final de un nuevo ciclo
Y si La Rueda de Fortuna hablara…
He conocido todas las experiencias. El principio, tenÃa ante mà un océano de posibilidades. Guiada sucesivamente por la voluntad, la providencia o el azar, elegà mis acciones, acumulé conocimiento, para luego estallar sin finalidad preconcebida. Innumerables veces conseguà la estabilidad. Quise conservar sus frutos sobre mi mesa pero los vi pudrirse. Comprendà que debÃa abrirme hacia los demás, compartir.
Que tenÃa que buscar el gran otro en mà mismo, la fuente divina. El centro de mis incontables revoluciones alrededor de este eje. Me perdÃ, buscando cuanto se me pareciera. Conocà el placer de reflejarme en los ojos del otro como en infinitos espejos. Hasta el dÃa en que, con una fuerza irreprimible, actué en el mundo y traté de cambiarlo, para darme cuenta de que solo podÃa empezar a transformarlo. Mi búsqueda espiritual se amplió hasta el punto de impregnar la totalidad de la materia, y llegué a la espantosa perfección, ese estado en el que nada se me podÃa añadir y nada se me podÃa quitar. No quise quedarme asÃ, petrificada. Entonces lo abandone todo, con mi sabidurÃa por única compañera. Llegué al lÃmite extremo de mà misma, plena, pero detenida, en espera de que el capricho divino, la energÃa universal, el viento misterioso que sopla desde lo inconcebible, me haga girar y que en mi centro eclosione el primer impulso de un nuevo ciclo.
He aprendido que todo lo que empieza acaba, y que todo lo que acaba empieza. He aprendido que todo lo que se eleva desciende, y que todo lo que desciende se eleva. He aprendido que todo lo que circula termina estancándose, y que todo lo que se estanca termina circulando. La miseria se convierte en riqueza, y la riqueza en miseria. De una mutación a otra, os invito a uniros a la rueda de la vida, aceptando los cambios con paciencia, docilidad, humildad, hasta el instante en que nazca la consciencia. Entonces todo lo humano, cual crisálida que se transforma en mariposa, alcanza el grado angélico donde la realidad deja de girar sobre sà misma, donde se eleva al espÃritu del creador.
Fuente: Fragmento del Arcano X de “La Via del Tarot” de Alejandro Jodorowsky
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